miércoles, 20 de junio de 2012

Descotidianización en la novela "El extranjero" de Camus

Apuntes
EL PROCESO DE DESCOTIDIANIZACIÓN
EN LA NOVELA ELEXTRANJERO

Por: Raúl de J. Roldán Álvarez 
   

De un recurso fundamental se apropia Camus para relatarnos –tal y como lo hizo Kafka en su momento-- el proceso mediante el cual el hombre del siglo XX –entiéndase también la mujer— quedó atrapado en las garras del código de la modernidad. Este recurso no es otro que el de la antítesis.

Meursault es, precisamente, la antítesis de ese tipo de hombre del siglo XX. Este personaje representa, por antonomasia, la descotidianización del ámbito social como proceso necesario para superar la alienación producida por los sistemas que suplantaron la responsabilidad individualidad, que derivaron en la dictadura de lo colectivo.
Era claro para Camus –porque él la sufrió--, que una sociedad como la europea --la cual enfrentaba los estragos de dos guerras mundiales en menos de veinticinco (25) años—había cotidianizado su accionar –desde el siglo XIX—con base en ideologías y dogmas fundados en una lógica paradójica que anclaba todo su andamiaje cultural en una voluntad de futuro sin la comprensión de sus propios inamovibles y absurdos.

La aparente frialdad del personaje principal de El Extranjero es un recurso literario que Camus utiliza para que el lector se pregunte, desde el primer párrafo, por la conducta de aquel y trate, por contraste consigo mismo, de encontrar dicho simbolismo que llevó a la sociedad europea de las dos posguerras al suicidio de carácter físico y/o filosófico. Meursault es, por tanto, la utopía que se responsabiliza, habla siempre en primera persona, no usa posesivo alguno para referirse a su madre y tampoco manifiesta afectividad ante el deceso de ésta. Sus frases cortas son sentencias que se impone. Tal parece que su única intención manifiesta es la de enfocarse en lo que atañe a su responsabilidad individual más allá de implicaciones emocionales que no considera de su competencia, las cuales responden a un código cultural que no comparte.

Ya desde los párrafos iniciales de la novela puede observarse como la conducta del mencionado personaje se va justificando –aunque éste no se justifica jamás por sí mismo--, cuando al solicitar la licencia de trabajo por dos días a su patrón, no solo afirma su incapacidad para sentirse culpable por aquel fallecimiento sino que manifiesta y reitera que la muerte de su madre solo es una excusa oficial para un sistema que solo puede imponer obligaciones; pero que, a su vez, es poco permisivo, cuando se trata de conductas que se avienen a consideraciones individuales.

De igual modo, en el párrafo tercero, puede establecerse como Meursault se enfoca en las condiciones que rodean su partida y, mientras todos sus conocidos están ocupados brindándole condolencias por la muerte de su madre; él, en tanto, solo se preocupa y asegura de contar con un traje adecuado para el funeral, sin compartir con ellos la proxemia que rodea a un evento que se supone calamitoso. Evento que considera por fuera de su control y solo puede verlo como lo que es: un funeral.

De esta manera --desde el principio y durante toda la novela-- Camus describe un personaje que no comparte la cotidianidad del código moral de sus contemporáneos y que adelanta, con actitud de extranjero entre los mismos, una tarea de reconocimiento de un engranaje que intenta diluir su individualidad en beneficio de un poder sin nombre.

Meursault, aunque reconoce claramente la fatalidad de estar adscrito a una época, decide no ser un factor de la reproducción de un sistema al modo como lo hacen los demás; y, por el contrario, con su actitud asegura su pequeño espacio de felicidad en una época en la que la culpa sirve de fundamento irracional para la cohesión social.

Este personaje, en apariencia parco y distante de todo, es el único hombre en el texto que puede reconocerse como tal y se erige como un ser que, pese a todas las imposiciones del sistema, puede oponerse al árido e incoherente discurso de la institucionalidad que todos los miembros de la sociedad aceptan sin protestar.

Meursault, en estas condiciones, representa la rebeldía en contra de todo lo que implique el sometimiento a una moral externa que deje de lado la conciencia personal del instante y adelante una tarea sistemática de reducir al hombre a una cotidianidad de códigos que le convierten en un simple maniquí del poder y una máquina del cohabitar.

Frente a un sistema de esta naturaleza, el personaje se propone evidenciar la irracionalidad en la que se sostiene la dialéctica de la muerte, de la cárcel y de la alienación de la institución encargada de administrar justicia; y, cualquier día, decide asesinar un árabe invocando una razón tan irracional como aquellas derivadas de las mismas prácticas discursivas de las que se alimenta el conjunto de los miembros de su sociedad. Pero esta institución de justicia, que no puede ver desafiada su propia preceptiva jurídica, salda cuentas con el asesino Meursault y no lo juzga por el crimen que cometió –porque siempre hay razones legales en el discurso jurídico para justificar el asesinato-- sino por su actitud ante un sistema que demanda respeto y obediencia ciega.  Meursault, de acuerdo con el juicio que se le adelantó, era culpable antes de que cometiera dicho asesinato, en virtud de que una conducta personal como la suya estaba rompiendo con la cotidianidad impuesta.
 
Es por esto, que un metadiscurso estaba asegurando ya la descotidianización de unas prácticas sociales y solicitaba la emergencia de una racionalidad indispensable y Meursault se convertía, por tanto, en un riesgo para una comunidad que debía de someterse a los designios de un sistema. Esta es la propuesta que Camus entrega con la conducta de su personaje principal y la cual hace evidente, permanentemente, en la novela: Un enfrentamiento con aquellos eventos que para la mayoría son la conducta regular de una época y sustituyen de modo inconsciente la conciencia individual.

Para la implementación de dicho metadiscurso, Camus expone un proceso fundado en la actitud atípica de dicho personaje y comienza por no permitirle a éste que argumente su existencia con la moral institucional, porque esta conlleva mecanismos de exclusión que no deben afectarlo de manera alguna. Considera que estos mecanismos son dispositivos organizados que, de modo calculado encadenan y adelantan, a la vez, una tarea de cotidianización de la mente humana por medio de un código que arrastra sin conciencia a todos sus practicantes.

Es así como la emergencia de un discurso fundado en la libertad de pensamiento, de actuación y de decisión es la propuesta que se deriva de El Extranjero por Albert Camus: Una propuesta que posibilita romper con ese círculo vicioso de la responsabilidad exigida no realizada a conciencia. Propuesta que contribuye, en consecuencia, a la descotidianización de ciertos códigos que mantienen la sociedad de su época sometida a los delirios de la dictadura de una razón paradójica, que transforma al hombre en una entidad seriada al servicio de un poder abstracto e impersonal, para el cual solo representa un factor de reproducción y de producción del propio sistema que crea y se recrea.

Camus, por esta vía, termina distanciándose del existencialismo en bruto y propone “el hombre absurdo” como una salida para mantener los pies puestos sobre la tierra y reconocer, así, los límites de una libertad edificada sobre la base de la manipulación colectiva. 

Sábado, 24 de noviembre de 2007