miércoles, 16 de noviembre de 2011

En la llamada vida literaria, los libros interesan menos que el ruido

Sobre la producción de elogios rimbombantes

 



1. Planteamiento del problema

La industria del elogio necesita modernizarse. El arte del elogio es difícil, poco adaptado a la velocidad y magnitud que la moderna producción de elogios requiere. Hay que encontrar un género de elogios mecánicos que, a diferencia de los malos elogios comunes y corrientes, sean mecánicos de verdad, es decir fabricables con una máquina, de preferencia electrónica. Como las máquinas piensan menos de lo que se cree, esto exige encontrar un modelo estándar de elogio que, con infinitas variantes, sea siempre el mismo. ¿Pero puede bastar un solo elogio para satisfacer la insa­ciable demanda, en un país hambriento de elogios? Si escribir no da dinero, ni poder, ni siquiera lectores, ¿cómo compensar con Gloria, Gloria Inmensa, Gloria Única, a todos y cada uno de los que ponen su ilusión en las Bellas Letras?

2. Antecedentes

Esto da por supuesto que existe una importante industria del elogio. A juzgar por lo que se dice, no existirían siquiera los elo­gios, sino la crítica feroz, pronta a devorar los engendros creadores. Pero, si se hace un mínimo recuento de las notas y reseñas que se publican, resulta que lo único feroz en México es el silencio. Las reseñas y notas son, por lo general, elogiosas, o cuando menos anodinas. Además, un elogio puede leerse en una peluquería, mientras que leer un libro supone un ánimo decidido, aunque sea decidido por la necesidad de escribir un elogio. En la llamada vida literaria, los libros interesan menos que el ruido o el silencio sobre sus autores. El ruido y el silencio son la materia prima que la indus­tria del elogio transforma en solapas, reseñas, artículos, entrevistas, polémicas, balances de fin de año: todo lo cual puede producirse aunque el libro no se lea.

3. Ponderación

Leer grandes elogios de libros no leídos permite sostener nuestro milagro editorial: la sobreproducción en medio del subconsumo. La industria del elogio nos ayuda a olvidar en qué país vivimos. Lo reconocen hasta aquellos que ocasionalmente son maltratados por la crítica: “propaganda que me hacen”, dicen triunfalmente. En efecto, si se tratara de leer, en vez de hablar de libros y escritores, la deflación sería espantosa. Todo escritor que haya superado su primer narcisismo, como para darse cuenta del país en que vive, debe cuidarse de guardar su segundo aire narcisista, porque, si no, dejaría de escribir.

Esto es más llevadero en forma colectiva. Diciendo, por ejem­plo, que llega Nuestra Hora. ¡Al fin América va a ser descubierta! Vamos a ver: dentro de la hora actual, ¿qué presencia histórica ha destacado más que la del Tercer Mundo? Dentro del Tercer Mundo, ¿qué bloque más importante, por sus años de antigüedad en subdesarrollo, que el nuestro? Dentro del nuestro, ¿qué país más significativo que México? Y, si fuera de México todo es Cuautitlán, y en esta capital de envidiosos y resentidos no hay un lugar, como éste, donde se pueda reconocer la verdad, ¿a quién le corresponde el laurel? A ti y a mí.

Fulano: tu libro es tan universal, tan futurizante de nuestro rol latinoamericano en la cultura planetaria, tan incomparablemente superior a todo lo que se ha escrito en español desde el siglo XI, que es el único libro que he leído en mi vida.

4. Solución propuesta

a) Hacer una ficha analítica de la obra o persona que se tenga que elogiar.

b) Sobre las categorías de análisis de la ficha, repasar men­talmente, con diversos libros de consulta o con una base electró­nica de datos, lo que “ha habido” en esas categorías.

c) Cruzar la ficha contra eso, hasta que salte un absoluto. Ejemplo en el que salta fácilmente un absoluto: El señor es de Chamacuero (ficha). En Chamacuero nunca ha habido poetas (fichero). Luego, el señor es Absolutamente el Poeta Más Grande de Todos los Tiempos que ha habido en Chamacuero.

Ahora bien, supongamos que el fichero registra que en Chama­cuero hubo un tal Margarito Ledesma, autor de unas Poesías más o menos cómicas. Todavía es posible un absoluto, si estructuramos el elogio para que no tope con esa limitación: Nunca, en la historia de Chamacuero, ha habido un poeta más grande, en vena seria, que Fulano.

Pero supongamos que en Chamacuero hubiese también nacido López Velarde. A las categorías geográfica (Chamacuero), de género (poesía) y vena (cómica o seria), incorporamos la categoría cronológica y resolvemos el problema: Después de López Velarde, no ha habido, en Chamacuero, un cantor de la provincia, en vena seria, más grande que el grandísimo Fulano de Tal.

Por último, supongamos que haya habido muchos grandes poetas en Chamacuero, o que nos pidan un elogio de magnitud cósmica. La salida sería: Ni Homero, ni Dante, ni Shakespeare, ni San Juan de la Cruz, ni Baudelaire, ni Octavio Paz, lograron, como el grandísimo Fulano, expresar la vivencia poética de una adoles­cencia vivida en Chamacuero por un joven nacido a mediados del siglo XX.

Un solo y mismo elogio, convenientemente categorizado, se puede multiplicar en elogios infinitos, todos ellos únicos. El méto­do cumple simultáneamente la exigencia mecánica industrial (estandarización sobre un solo modelo) y la exigencia de satisfacer cada caso como único, lo cual ya quisiera Ford haber inventado.

Evidentemente, cuando hay que cruzar más de seis o siete cate­gorías, el resultado puede ser un poco enfadoso: Nunca en la historia de la literatura mexicana, hubo un novelista sinaloense que, teniendo un padre tuerto, y habiendo hecho sus estudios en Torreón, para pasar después a Pachuca, y escribir una novela de más de quinientas páginas, en la que no sale un solo enano, tuviese un mayor dominio del monólogo subjetivo. Pero siempre se puede perfilar un sistema de categorías que excluya lo que nos estorbe, y defina algún género de supremacía.

Sin embargo, hay cortacaminos deseables, ficheros de cruce rápido, que permiten abreviar. Es el refinamiento del sistema. Con una mentalidad provinciana, el fichero geográfico pudo haber sido muy útil para esto. Pero ya no estamos en los tiempos en que se podía decir: “para estar hecho en México es extraordinario”, o “Pertenece a la pléyade inmortal de poetas tabasqueños”. Estamos en los tiempos del Juicio Universal Subjetivo. El más sumario, evidentemente, es: “No hay en toda la literatura universal un libro más grande, a Mi Ilustre Juicio, que el tuyo”. Pero tiene el inconve­niente de no servir dos veces, a menos que uno esté dispuesto a contradecirse. Si hay que estar produciendo constantemente elogios rimbombantes, el fichero “A Mi Juicio” puede cruzarse más fecundamente con el fichero cronológico de lecturas personales. El resultado es de una rapidez y fertilidad jupiterina, sobre todo si se disfraza, jupiterinamente, con una o dos categorías adicionales, que, como se comprende, salen sobrando.

Después de La guerra y la paz [categoría innecesaria, pero que hace más tonante el juicio], no se ha visto en la tradición occiden­tal [ídem] una novela más grande que la tuya [ojo:], que ya haya yo leído en los últimos quince días.

Referencia:

Lo fusilamos de: Gabriel Zaid, “Cómo leer en bicicleta”, en: Crítica del mundo cultural, México, El Colegio Nacional, 1999, pp. 140-143. Tomado del blog “El ojo en la paja” de Camilo Jiménez. Consultado el: miércoles, 16 de noviembre de 2011 a la 1:13 horas por Lenguaje y Comunicación Universidad de Antioquia. <http://elojoenlapaja.blogspot.com/2009/05/fusilado-gabriel-zaid-de-nuevo.html>.