lunes, 3 de enero de 2011

Contraculturas urbanas, mezcla de identidad y oposición... Cátedra Pedro Nel Gómez - "La Ciudad y los Signos"

Wilmer Zuleta López - Historiador UN y Docente UdeA


Medellín, mar. 01 de 2010 - Agencia de Noticias UN– Las contraculturas urbanas, como agrupaciones sociales que tienen regímenes de poder en cada una de ellas, fueron el tema del historiador y pedagogo Wilmer Alberto Zuleta, en la Cátedra Pedro Nel Gómez.


Según el historiador de la UN, el concepto de contracultura urbana nació en los años 60 después de la Generación Beat, y es aplicado a una serie de agrupaciones sociales que nacieron en Inglaterra como los mods y los rockers, de las cuales surgieron los hippies, los hard mods y los skins y posteriormente los metaleros.

“Se habla de contraculturas urbanas porque son grupos que a través de su música y de su ideología se oponen a ciertos sistemas institucionales en el ámbito político, religioso y sociocultural. Sin embargo, tienen otros nombres como tribus urbanas”, explicó.

Para Zuleta hay otro enfoque de culturas juveniles donde no se destacan tanto por la política sino por su papel estético como comunidades emocionales, que son creativas y casi siempre analizadas desde lo simbólico. “Este enfoque es más semiótico y, obviamente, también tiene sus críticos que dicen que la cultura juvenil es algo muy arriesgado porque no todos son jóvenes y, por otro lado, dar el título de cultura es muy grande”, aclaró.

Las contraculturas más conocidas son los metaleros, punkeros, skins, pero el invitado a la cátedra agregó a los barristas (aficionados al fútbol), a los anti-emo y anti-reggeatoneros.

Los barristas, de acuerdo con Zuleta, están conformados por líderes, hinchas y aficionados de un equipo de fútbol que tienen una oposición frente a otras barras. En cuanto a los anti-emo, se caracterizan por ser un grupo de rockeros que no están de acuerdo con la estética de los llamados emo y critican de éstos su forma de vestir y peinado.

“El antire-ggeatón se puede considerar una contracultura porque está en contra de la utilización de la mujer como un objeto sexual”, puntualizó.

En su exposición sostuvo que gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, incluso han encontrado otras ramificaciones. “Cuando hablamos de metaleros, por ejemplo, no es lo mismo un gótico que un blackero, un death metalero o que un heavy metalero”.

Wilmer Alberto Zuleta explicó que inclusive hay diferencias entre una y otra contracultura como sucede con los metaleros y los punkeros, en la que se han registrado incluso enfrentamientos. Lo cierto es que todos tienen algo en común: todos tienen símbolos y se apropian de ellos para redefinir el espacio y para construir su identidad.

(Por: Fin/dac/csm)
N° 738
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VIDEO ENTREVISTA AL HISTORIADOR WILMER ZULETA LÓPEZ - Contraculturas, tema de cátedra.


PONENCIA

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA, SEDE MEDELLÍN



PONENCIA PARA LA CÁTEDRA PEDRO NEL GÓMEZ: LA CIUDAD Y LOS SIGNOS

 

“CONFLICTOS EN EL CONTINUUM DEL CONTENIDO Y EN EL CONTINUUM EXPRESIVO ENTRE ALGUNAS “CONTRACULTURAS” URBANAS EN COLOMBIA: UNA REFLEXIÓN DESDE LA SEMIÓTICA CULTURAL DE UMBERTO ECO”

 

Ponente: Wilmer Alberto Zuleta López: wazuleta@gmail.com*

RESUMEN


La presente ponencia es una reflexión sobre el impacto de algunos símbolos cuando generan conflictos, nuevas identidades e identificaciones en ciertas “contraculturas” urbanas que redefinen espacios y reconstruyen imaginarios colectivos, nuevas estéticas y formas de actuar. En este sentido, se intentará resolver la siguiente inquietud: ¿los conflictos entre “contraculturas urbanas” se generan por “la intolerancia” musical (continuum de la expresión); o más bien, por la inaceptación de las distintas formas de vestir, de pensar y de ser (continuum del contenido) o por ambas cuestiones? Para desarrollar dicha problemática se aplicará ciertas categorías de análisis usadas en la teoría semiótica de Umberto Eco.

Palabras Clave: Semiótica de la Cultura, “Contraculturas urbanas”, nuevas identidades, Continuum de la Expresión, Continuum del Contenido.


INTRODUCCIÓN

En la contemporaneidad, los grupos urbanos juveniles han sido estudiados desde perspectivas antropológicas, sociológicas e históricas, en dichas investigaciones hay cuatro tendencias teóricas claramente distinguibles; en primer lugar, no se les llama “culturas juveniles”, sino “contraculturas urbanas” constituidas jóvenes “desviados de la norma” (investigaciones del Centro de Estudios Contemporáneos de Birmingham). Desde este punto de vista, se establece una relación entre “culturas de clase” e “identidad subcultural”, ésta se hizo mediante el método semiolingüístico que fusionaba los enfoques marxistas y feministas, en los análisis discursivos de la significación. También pertenecen a esta corriente los estudios sociológicos de las audiencias de la cultura popular y las teorías interpretativas semióticas, psicoanalíticas y de crítica literaria de los Departamentos de comunicación norteamericanos.

Posteriormente, a este tipo de agrupaciones sociales –a partir de 1990- se les denomina como “tribus urbanas” que tampoco llegan a ser una “cultura”, sino una subcultura e incluso una “contra-cultura” cuando muestran su desacuerdo con sistemas hegemónicos desde lo político, lo religioso o lo institucional, desde esta perspectiva también se les considera personas que tienen problemas de identidad y que no tienen finalidades políticas, por ello se sugiere que dichas “tribus” merecen un tratamiento “seguro” y “protector”, puesto que ellas “integran un sistema simbólico que les permite soportar la presión que el sistema ejerce sobre su identidad… Pulsiones y vínculos gregarios en los que comparten experiencias y rituales, a menudo secretos, que generan y consolidad el sentido de pertenencia al grupo”. Éstas son las palabras exactas del sociólogo francés Michel Maffesoli (1990) quien da a entender que las “tribus urbanas” se caracterizan por ser simples “párvulos indefensos” en continuo riesgo y con una pobre ilustración, es decir, débiles ante “las culturas dominantes”. Al respecto vale preguntarse: ¿por qué el sistema los presiona? ¿Acaso no tienen algo de potencia desde lo “subterráneo”? ¿Por qué son débiles y no tienen finalidades políticas, si con su producción y reapropiación de símbolos expresan una nueva forma de sociabilidad? ¿Por qué se habla de “culturas dominantes” en un mundo policultural? ¿Hasta qué punto se ordenan grupalidades en geopoderes y biopolíticas del cuerpo y por ello no son simples grupos sin finalidades políticas? ¿El hecho de tener sentido de pertenencia no es acaso una ética específica, una geopolítica, una red de comunicación de la que subyacen relaciones de poder? ¿Hasta qué el símil de lo tribal se relaciona con políticas sociales en las culturas urbanas juveniles, y por tanto, no son simples “tribus”? ¿Por qué es pertinente ir más allá de la simple “victimización” y comprensión epidemiológica” de las culturas urbanas juveniles? Las investigaciones de décimo y las mías podrían intentar responder varias de las anteriores cuestiones (por lo menos eso les dije a mis estudiantes).

A finales de la década del 90, a las culturas juveniles se les concibe como nuevos movimientos políticos no institucionalizados, cuya base es la autogestión y el antiautoritarismo. Desde este enfoque vale rescatar el trabajo de Rossana Reguillo, para quien “la anarquía, los graffiti urbanos, los ritmos tribales, los consumos culturales, la búsqueda de alternativas y los compromisos itinerantes deben ser leídos como formas de actuación política no institucionalizada y no como las prácticas más o menos inofensivas de un montón de desadaptados” (2000). Desde este punto de vista se puede apreciar una antítesis a lo que propuso la escuela de Birmingham, la norteamericana y la de Maffesoli, por eso aquí ya no se les dice sub-culturas, contra-culturas, ni tribus urbanas, sino “culturas juveniles”. El concepto de “culturas” no es tan discutible como el de “juventud” en este caso, porque llamar “culturas juveniles” a personas que llevan más de 30 años de estar inmersos en movimientos como los metaleros, los skinheads y los punkeros es una imprecisión; por el contrario, dicho concepto sí aplicaría para el caso de los “reggaetoneros” y más que todo de los “emos”.

Respecto a lo anterior, Franco Arbeláez (2003, p. 74) analiza algunos elementos de la cotidianidad de la escuela actual, entre los cuales se hallan nuevos lenguajes y diversas estéticas de las llamadas “contraculturas urbanas”, en sus palabras: “ni los padres, ni las iglesias constituyen ya el único patrón-eje de las conductas, ni la escuela es el único lugar legitimado del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura. Los nuevos referentes y modelos están en las representaciones de la televisión, los macroescenarios, las redes de Internet y en las relecturas fragmentadas e interesadas que todos ellos hacen de la realidad”. La anterior indagación es una muestra más de la emergencia de las culturas urbanas y juveniles en las aulas de países como Colombia, así como de la posibilidad de articular algunos de sus sistemas simbólicos (contenidos) a los currículos escolares. En el caso de Medellín vale destacar la investigación de Chaparro (2004) quien muestra que el Valle de Aburrá y, sus instituciones educativas, están constituidos por “microsociedades” entre las que se destacan los reggaetoneros, los emos, los metaleros, los skinheads, los punkeros, los raperos, losgrunge, los skates, entre otros. Éstas manifiestan diversos sistemas de comunicación verbales y extralingüísticos.

En última instancia, se les denomina “culturas juveniles”, se les reconoce desde su dimensión creativa, su articulación alrededor de la música, sus constantes ramificaciones y mutaciones, y sobre todo, desde su compleja forma de actuación en las sociedades contemporáneas1. Desde esta perspectiva se reconoce a las “culturas urbanas” (sean juveniles o no) como nuevas formas de ser y de existir, en las cuales se han producido saberes que renuevan la existencia de las personas que con ellas se identifican, ello muestra que más allá de microfascismos, microcomunismos, microanarquismos: hay movimientos que “son mucho más que instituciones políticas, a veces son algo indeterminado, difuso y ambivalente, sin norte mi orden institucional”2. El hecho que vayan más allá de lo político implica que se reconozca su creatividad (dimensión estética) así como su construcción (reconstrucción) de una nueva ética que busca la libertad individual (en el sentido de Michel Foucault3) en la cual no sólo se redefine la política, sino que se destaca la reapropiación simbólica de las “culturas juveniles” y de las “culturas urbanas”. Por lo tanto, de los cuatro enfoques es éste el que más acerca a mi proyecto, sin embargo en dicho enfoque aún no se hace la distinción entre “cultura juvenil” y “cultura urbana” (al menos en trabajos como los de Muñoz y Marín (2002) y como en el de Sebastián Vargas Álvarez (2007). Sumada a esta diferencia, está la de que en mi proyecto se aplicará al aula más que a la sociedad en general.

Por lo anterior, vale decir que el análisis de la música, de la ideología, de los estilos, de los símbolos, de las modas, de las prácticas, de las historias y de las formas de vida en las “culturas juveniles” y en las “culturas urbanas” permite estudiar el lenguaje desde los contextos “reales” de su uso, a través de las teorías discursivas de los signos y de los símbolos en la ciudad (método semiótico).

El acercamiento a la juventud, a las culturas urbanas y a sus símbolos -desde el punto de vista discursivo- puede implicar la recurrencia a los aparatos conceptuales de la estética, de la semiolingüística, de la narratología y de los estudios culturales. Por tanto, el estudio de diversas culturas juveniles, desde un método semiótico, es una oportunidad para estudiar el lenguaje (y no sólo la lengua) como un fenómeno holístico, lógico, estético y analógico, porque permite reflexionar sobre Falacias y sobre concepciones estereotipadas de los metaleros como “satánicos”, de los punkeros como “cochinos”, de los skins como “neonazis”, de los emos como “homosexuales”, de las barras como “violentos”… Estas interpretaciones hay que matizarlas porque son muy generales

En el “Tratado de Semiótica General” de Umberto Eco hay un enfoque ecléctico, ya que se integra los aportes no sólo de las teorías de Ferdinand de Saussure y de Charles S. Pierce, sino que también se retoma algunas concepciones de otras escuelas (tanto filosóficas como estructuralistas) con el propósito de mostrar que el continuum del contenido no tiene por qué separarse del continuum de la expresión, en una Semiótica que ya no se preocupa tanto por la clasificación de los signos, sino que se interesa más bien por la relación y por las funciones semióticas entre símbolos, culturas e ideologías. Por eso, en la presente ponencia, se ejemplificará en casos específicos por qué los planteamientos de la Semiótica –en términos de U. Eco- van más allá de la “separación maniquea” entre la Expresión y el Contenido, en tanto que en ambos planos confluyen problemáticas socioculturales, las cuales han sido generadas por diferencias simbólicas, manifiestas en la denominada “intolerancia” musical e ideológica, entre diversas “culturas urbanas” que se están expandiendo por la geografía colombiana.

Por lo anterior vale decir que, en este escrito, se reflexionará específicamente sobre ciertos conflictos musicales y simbólicos entre algunas “culturas urbanas” en Colombia; particularmente sobre las rivalidades entre grupos como “los Emos”, “los Skins Neonazis”, “los Neopunks”, “los Reggaetoneros”, entre otros. Para ello es importante preguntarse sobre la siguiente problemática: ¿los conflictos entre “contraculturas urbanas” se generan por “la intolerancia” musical (continuum de la expresión); o más bien, por la inaceptación de las distintas formas de vestir y de ser (continuum del contenido) o por ambas cuestiones? Con el fin de responderla, se usará algunos datos proporcionados en los medios masivos de comunicación (Televisión e Internet, básicamente) así como también se tendrá en cuenta para su análisis ciertos conceptos de la Semiótica de la Cultura y de los mass media (en el sentido de escritores como Umberto Eco); en primera instancia, se mostrará cuál es la lógica semiótica y el continuum del contenido en el conflicto entre los “Emos” y los “Anti-Emos” (principalmente “los Skins Neonazis”); posteriormente se analizará -desde el continuum de la expresión- cuál es la razón de ser de las críticas mutuas entre algunos “Reggaetoneros” y “Antirreggaetoneros”. Finalmente se propondrá –desde una perspectiva semiótica- algunas posibles causas que generan conflictos entre diversos grupos sociales.

1. “EMOS VS. ANTIEMOS: UN ENFRENTAMIENTO QUE EMERGE DESDE EL CONTINUUM DEL CONTENIDO”

En Internet ha circulado un video en el que algunas “personas” (por no decirles “fanáticos”) asesinan “brutalmente” a una supuesta “Emo” en Bogotá; sin embargo -en un artículo publicado en El Tiempo- se puede apreciar lo siguiente: “una joven kurda muere asesinada por fanáticos religiosos al encontrar que sostenía una relación amorosa con un musulmán y que además se había convertido al islamismo”1. Esta joven de 17 años, según el anterior testimonio, nada tiene que ver con el Movimiento “Emo”; sin embargo alguien tomó dicho video y escribió al final de éste un mensaje que expresaba que era el homicidio de una joven “Emo”. Esto se expandió por Internet y sirvió como fundamento para que “los Anti-Emos” hiciesen su “proselitismo”. Del anterior HECHO –desde una perspectiva “moralista” y “humanitaria”- pueden surgir interrogantes como los siguientes: ¿por qué la mataron de esa manera tan “brutal” (independientemente que fuese “Emo” o no) con piedras y con un ladrillo en la cabeza? ¿Cómo es posible que una niña de 17 años -pequeña y delicada- inspire tanto odio a quienes la torturaron? ¿Para qué los asesinos la grabaron con sus celulares?

Sí, el anterior “HECHO” se podría interpretar -desde una reflexión basada en los principios de los Derechos Humanos- como “un caso del fanatismo extremo y como un atentado contra la dignidad humana”; sin embargo, esa no es la única lectura posible: también se puede analizar el mencionado fenómeno desde un enfoque semiótico. Para lo cual es indispensable reconocer que si bien hubo un continuum de la expresión por un lado; por otro hubo dos acciones generadas más por el continuum del contenido; por ejemplo, el “juicio fáctico” en el cual se expresa: “la joven sostenía una relación amorosa con un musulmán” en sí mismo no sugiere la razón por la cual ella sería “vapuleada”, este “juicio fáctico” no presupone aún una serie de CÓDIGOS preestablecidos. Entonces: ¿qué lo convierte en un “juicio semiótico”? Cuando se pasa de ese continuum de la expresión a un continuum del contenido y se genera una función semiótica, cuya base radica en reconocer los conflictos (los códigos de la violencia) que ha habido históricamente entre los kurdos islámicos y los no islámicos. También se genera un “juicio semiótico” cuando “los Anti-Emos” usaron el video para hacerle creer a todos los colombianos y a todo el mundo que la asesinada era una “Emo” y no una kurda. En esta “reapropiación” se da, igualmente, un paso de la función fáctica a la función semiótica, porque se aprovechan las similitudes físicas de la joven “apedreada” para hacer creer que era “Emo”. Así se construyó una “mentira” que puede juzgarse desde una perspectiva moral –como se hizo en el periódico El Tiempo- pero así mismo se puede interpretar desde un enfoque semiótico, en el cual dicho “engaño” se concibe como una estrategia discursiva (en el continuum del contenido).

En este sentido, Julio Escamilla Morales define el concepto de estrategia discursiva de la siguiente manera: “se basa en que el sujeto comunicante concibe, organiza y pone en ejecución sus intenciones con el fin de producir ciertos efectos de convicción o seducción en el sujeto interpretante, y llevarlo a que se identifique –conscientemente o no- con el destinatario que ese YOc se ha construido… El YOc puede hacer uso de estrategias tan disímiles como la mentira, la ironía, la demagogia, la provocación, el secreto”2. De ahí que la mentira -en términos de Escamilla Morales- sea “dar voluntariamente a un interlocutor una visión de la realidad diferente de la que uno mismo tiene por verdadera, con el propósito de ejercer en él una influencia que modifique sus opiniones o su comportamiento”. De esta manera, “la mentira” se define en relación de oposición a “la verdad”, de hecho sólo se concretará como estrategia discursiva cuando el TU interpretante (TUi) se identifique plenamente con el Tu destinatario, el cual es el (Tud) idealizado por el Yo comunicante (Yoc). Por ejemplo, si yo le digo a mi novia que “la quiero -sobre todo- por su forma de ser” (cuando en el fondo sólo la deseo para tener relaciones sexuales) y ella cree en mis palabras, en ese instante el Tu interpretante (Tui) pasa a ser Tu destinatario (Tud) y, por ende, mi mentira se convierte en una estrategia discursiva efectiva. Al respecto vale preguntarse qué ocurre con la paradoja del “mentiroso cretense”, cuando éste afirma: “es verdad que soy mentiroso”… Si dice la verdad al enunciarlo, entonces no es tan mentiroso; aunque si miente, entonces no es tan sincero. ¿Será que “el mentiroso cretense” quiere que el Tu interpretante siempre sea equivalente al Tu destinatario, para así poder persuadirlo con su paradoja? En fin, esta paradoja sería pertinente esclarecerla desde el método semiolingüístico, porque su análisis posibilitaría explicar de una manera más clara el desdoblamiento de los sujetos del discurso en la teoría de la enunciación (tarea que no le compete, por ahora, al presente escrito.

Volviendo al HECHO anteriormente analizado, es importante reconocer que “la mentira” en torno al asesinato de la joven de 17 años es un ejemplo contundente de por qué el “engaño” no sólo puede ser una “estrategia discursiva” efectiva, sino que también implica “juicios semióticos” que van más allá de simples “juicios factuales”. Por tanto, se puede afirmar que una lectura semiótica y semiolingüística posibilita un análisis que explique el fenómeno desde otro enfoque, diferente al moral, desde el que -en términos de Umberto Eco- se puede mostrar por qué “un juicio semiótico contiene determinadas marcas semánticas que ya le han atribuido a un código preestablecido; mientras que un juicio factual contiene marcas semánticas que no poseen códigos preestablecidos”. Así los valores morales nazcan de códigos preestablecidos semánticamente por una parte; por otra -en el caso de reflexiones como la del artículo de “El Tiempo”- no se logra mostrar la relación del “continuum de la expresión” con el “continuum del contenido” para efectos de crear una “mentira”, surgida de un HECHO que sí sucedió. Por otra parte, vale reconocer que “la mentira” no sólo nace del “continuum expresivo”: “fue asesinada una Emo en Bogotá”, sino que surge más bien del “continuum del contenido” presupuesto, en el cual se considera que el odio hacia el movimiento “Emo” no está muy lejos del que le tienen ciertos credos a los islámicos o del que éstos le tienen a otras religiones o a otras prácticas que atenten o que duden de sus creencias, por lo tanto es verosímil, y a la vez, falaz afirmar que la torturada no fue una kurda, sino una “Emo”.

En este sentido, hay otro “continuum del contenido” que también podría apoyar “la falacia” de algunos “Anti-Emos” colombianos: en Querétaro -y en otras ciudades mexicanas- también se está persiguiendo y atacando a las personas que simpatizan o que hacen parte del movimiento “Emo” e incluso éstas hicieron una marcha para que las dejaran en paz: “después de que en Querétaro hubo un llamado para atacar a los jóvenes Emos, que por cierto se llevó a cabo y los Emos fueron atacados desprevenidos, este fin de semana pasada hubo otro llamado para atacar a los jóvenes Emos pero ahora en el DF, sólo que esta vez ellos acudieron en gran cantidad para manifestarse y defender su ideología, afortunadamente no pasó de gritos y uno que otro botellazo pero la verdad es increíble que esto esté sucediendo y sólo porque piensan que les están copiando sus estilos”3; sin embargo, estos reclamos no han podido evitar “la intolerancia” de los “Anti-Emos”, quienes no sólo se burlan a diario de los “Emos” en páginas Web4 y en las calles, sino que muchas veces los golpean cuando los ven por ahí.

En el Canal CARACOL a algunos “Emo” se les dio un espacio para que expresaran su forma de ver el mundo y su inconformismo ante las amenazas de los “Anti-Emos”. Al respecto vale cuestionarse: ¿hasta qué punto se puede determinar semióticamente quiénes son los “Anti-Emos”? Esta pregunta es muy difícil de contestar, porque el movimiento “Emo” ha recibido críticas de sectores como la Iglesia Católica, de algunos miembros de “culturas urbanas” y de otros homofóbicos en general; no obstante, hay un hecho claro, en el caso de Bogotá, algunos “Skins Neonazis” los tienen amenazados, por eso no sería extraño que ellos sean acusados de un eventual crimen en contra de algún (a) “Emo”.

En el caso del proselitismo con imágenes en Internet, “la intolerancia” trasciende el límite de lo verbal, lo cual podría ser un “pretexto” teórico para realizar un análisis semiótico que demuestre la lógica simbólica de dicha problemática; mientras tanto, se puede apreciar que el odio más que a la música “Emo” (continuum de la expresión) es a la forma de vida del movimiento de los “Emos”, cuya base radica en vestir diferente, en tanto que -en las parejas- no se distingue claramente quién es el hombre y quién es la mujer -según el estereotipo codificado- en países como Colombia de lo “femenino” y de lo “masculino” (continuum del contenido). Por lo tanto, el odio de los “Anti-Emos” se fundamenta en los ideales que separan radicalmente cuestiones y arquetipos de “género”, esta clase de prácticas es propia de “culturas con tendencias homofóbicas” como la nuestra; en última instancia, el conflicto no es tanto por la diferencia en los gustos musicales, sino básicamente por el estereotipo simbólico que tienen los “Anti-Emos” de los “Emos”.

2. “REGGAETONEROS VS. ANTIRREGGAETONEROS: UN CONFLICTO MANIFIESTO EN EL PLANO DEL CONTINUUM EXPRESIVO”

Después de reflexionar sobre “la lógica semiótica” del ataque en contra del movimiento “Emo”, es de suma importancia reflexionar las razones semióticas de otros conflictos, los cuales también se han causado por impactos ideológicos (nacidos aparentemente por “la intolerancia” entre personas que escuchan música diferente). Éste es el caso de las disputas verbales e icónicas entre “Antirreggaetoneros” (más que todo los “Neopunks”) Vs. “Reggaetoneros”, la cual se puede apreciar en camisetas y en imágenes que dicen: “NO MÁS REGGAETÓN”5, porque hasta el momento no he percibido una camiseta o una página Web de “Reggaetoneros” que diga: “NO MÁS PUNK-ROCK, NO MÁS HIP-HOP, NO MÁS EMO”; de hecho quienes critican a los “Neopunks” son algunos “Punkeros Radicales” y no precisamente los Reggaetoneros, ya que los consideran efecto de un degenero en su movimiento musical e ideológico6; algo análogo sucede con algunos “Hoppers radicales” (raperos) para quienes el Reggaetón es la decadencia de la “Cultura Hip Hop”7, así como de otros ritmos latinos y caribeños.

La discusión entre “Reggaetoneros” y “Antirreggaetoneros” es de diferente “naturaleza” a la de “Emos” y “Anti-Emos”, no solamente porque no trasciende el plano de lo verbal y de lo simbólico (no llega a la violencia física); sino también porque los motivos de la “intolerancia” son más musicales (continuum expresivo) que por la forma de vida, por la vestimenta o por la ideología (continuum del contenido). Tanto los “Reggaetoneros” como los “Neopunks” les gusta reunirse en diversos lugares para escuchar su respectiva música, bailarla y emborracharse al ritmo de ella; esto no ocurre igual con el movimiento “Emo”, el cual aparte de autodefinirse como “pacifista”, “veganista” y “ecologista”, también se caracteriza –en algunos de sus miembros- por el anhelo de soledad, por no ingerir bebidas alcohólicas e incluso algunos afirman que tampoco fuman ni consumen alucinógenos; pero otras personas dicen que los “Emos” que se cubren el ojo derecho -con su copete y se lo pintan de x o y color- es porque son drogadictos y que si lo hacen para el lado izquierdo es porque desean ocultar sus emociones a los demás. Un análisis más preciso de esta problemática implicaría todo un tratado semiótico, el cual valdría la pena realizar en un escrito con mayores pretensiones que el presente.

Ahora bien, ¿por qué el conflicto entre “Emos” y “Anti-Emos”, siendo más nuevo que el de “reggaetoneros” y “Antirregaetoneros”, puede llegar a niveles de violencia extremos? La figura del “Emo” para sus detractores (los “Anti-Emos”) es “patética”, “decadente”, “débil”, “asquerosa”… Es la peor “escoria” de la especie humana; en cambio, la intolerancia entre “Reggaetoneros” y “Antirregaetoneros” no ha llegado ni a la mitad de esos niveles de odio. Desde una perspectiva semiótica se podría decir que los códigos que generan éstos para excluirse no están tan hipercodificados como los de los “Emos” y los “Anti-Emos”. Esta conjetura, no obstante, hay que argumentarla más en un próximo trabajo (tanto desde lo semiótico como mediante lo semiolingüístico); por ahora vale pensar que la denominada “intolerancia” entre “culturas urbanas”, sea por razones de diferencias musicales, de “pensamiento” o de vestimenta, contiene una lógica semiótica y simbólica que está basada en el siguiente “axioma dogmático”: “si eres distinto a lo que creo o a mí: eres malo”. Esta contradicción no solamente se nota en los ataques de los “Anti-Emos”, de los “fundamentalistas religiosos” y en las pugnas verbales entre “Reggaetoneros” y “Antirreggaetoneros”, por sus respectivas músicas; sino que también se percibe en todas las guerras que han tenido motivaciones religiosas, políticas, deportivas y económicas en las “Historias” de la humanidad.

3. CONCLUSIÓN

Los conflictos, las guerras y las violencias no son generados tanto por tener preferencias diversas en sí, sino que se producen cuando éstas se asumen “inconscientemente” por las personas en conflicto como excusas, pretextos y nuevos “medios semióticos” para atacar a la demás gente, algunas veces “a sangre fría”. Desde un enfoque moral (basado en los Derechos Humanos) se podría cuestionar lo siguiente: ¿cuántas más “víctimas” se necesitan para que los violentos sacien su sed de rencor e ira? De muertes tan “crueles” como la generada a la joven kurda en Bogotá, que van en contra de los Derechos Humanos, se puede entender que hay personas que siempre encontrarán excusas para aniquilar de la manera más brutal a otras… Ya se ha visto, a lo largo de la Historia humana, incineraciones, degollaciones, decapitaciones, desmembraciones, palizas mortales con ladrillos… ¿Y ahora qué sigue? ¿Será que puede haber algo “peor” –desde un punto de vista moral- que los anteriores mecanismos de destrucción? ¿Qué sentido tendría asesinar brutalmente a alguien por vestir de una manera poco común, por creer en lo absurda que puede ser la existencia, por escuchar determinada música nueva (extraña para la mayoría de gente) o por convertirse al Islamismo y por enamorarse de alguien de determinada religión? ¿Puede haber algo que supere tanta “crueldad” y que viole tanto los supuestos principios universales de los Derechos Humanos? Sin embargo -desde una perspectiva semiótica- los planteamientos pueden ser otros: ¿cuáles son los códigos semióticos que generan los conflictos? ¿Por qué la rivalidad entre “culturas urbanas” se puede explicar más desde “juicios semióticos” que a través de “juicios factuales”? ¿Por qué el conflicto entre personas de creencias diferentes, expresado en imágenes y símbolos, se puede analizar desde algunas categorías como las expuestas por Umberto Eco y por otros semiólogos contemporáneos?

Finalmente, en el presente trabajo se ha intentado mostrar que los juicios y las problemáticas que se analizan desde la Semiótica de Umberto Eco y desde la Semiolingüística –en el sentido de Julio Escamilla Morales- van más allá de juicios morales maniqueístas, los cuales no siempre posibilitan la integración del continuum del contenido con el continuum de la expresión, en pro de la búsqueda del sentido de la diversidad de símbolos, así como de los conflictos que éstos pueden generar, en “el seno de la vida social”, entre distintas culturas y personas, lo cual sí puede realizar, en última instancia, un estudio semiótico de las culturas y de los medios masivos de comunicación.

4. FUENTES CONSULTADAS

4.1 Bibliografía

CHAPARRO C. Oscar Darío. “Tribus urbanas en colegios del área metropolitana”. Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Sociología, Trabajo de Grado presentado como requisito parcial para optar al título de Sociólogo. Medellín-Colombia, 2004.

ECO, Umberto. “Tratado de Semiótica General”. Editorial Lumen, S. A., quinta edición. Biblioteca Umberto Eco, Barcelona-España, 2000. Colección dirigida por Antonio Vilanova. Traducción de Carlos Manzano.

ESCAMILLA MORALES, Julio. “¿Comunicación o enunciación?: Aspectos generales del análisis semiolingüístico”. En Revista Glotta, vol. 2. No 1, enero-abril de 1987.

FRANCO ARBELÁEZ, Alfonso. “Nuevos Lenguajes y estéticas en la escuela. Elementos de análisis desde la cotidianidad”. En Educación Hoy (Revista de la Confederación Interamericana de Educación Católica). Año 32, No 154, Santa Fe de Bogotá-Colombia, abril-junio 2003, pp. 71-82.

4. 1 Webgrafías

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